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En el caso de los bailarines, sus hábitos alimenticios están influenciados por las exigencias sobre la figura corporal que requiere su actividad.

Muchos de ellos sienten una inmensa presión para mantenerse delgados. Uno de sus mayores temores es el de ganar peso y tener que luchar contra esa imagen ante el espejo y el público, al que se deben en su vida profesional y artística. En la búsqueda de las medidas perfectas se pueden practicar hábitos alimenticios erróneos, que suelen llevar a situaciones de mala alimentación e incluso, a trastornos de anorexia y bulimia.

Estos trastornos de conducta alimentaria se producen por una falta de educación nutricional y adaptada a los profesionales de la danza, esta sería una herramienta muy útil sobre todo para las personas que comienzan este camino en el mundo del arte.

Es necesario que se conozcan a fondo no solo los grupos de alimentos, sino los nutrientes, suplementos y las raciones recomendadas en caso de algunos deportes o profesiones. Así se podrá lograr el objetivo de mantener el peso sin afectar la salud de la persona.

Historia: ¿Cómo comenzó el control del peso en la danza?

Según Josep Toro, profesor titular de Psiquiatría de la Universidad de Barcelona y consultor senior del Servicio de Psiquiatría y Psicología Juvenil del Hospital Clínico de Barcelona, «el fenómeno de la delgadez extrema de los bailarines se popularizó a mediados del siglo XIX, donde la danza contempla a sus profesionales como seres fantásticos, duendes, ninfas y sílfides, regidos físicamente por una dictadura estética que exige una extraordinaria figura corporal».

Los estereotipos creados han llegado a exigir pesos extremadamente bajos a los bailarines, incluso a los menores de edad, quienes están en pleno desarrollo. Un índice de masa corporal (IMC) inferior a 18 ya corresponde a bajo peso, es decir, a un peso que no permite mantener al organismo en condiciones normales de salud.

¿Cómo se alimentan los bailarines?

Con respeto a la ingesta de alimentos de los bailarines influyen los horarios preestablecidos que se reparte entre las giras, las funciones y los ensayos. En un importante trabajo de investigación, de referencia para muchos autores, publicado ya hace unos años atrás en el «Clinics in Sports Medicine», se registraron los hábitos alimentarios de bailarinas miembros de una importante compañía de ballet profesional. En este estudio se pudo ver que el 75% del grupo consumía menos del 85% de las calorías necesarias; el 40% ingería menos del 66% y el 20% menos del 50%. Con ello, además de no cubrir las calorías necesarias tampoco se lograba un buen aporte de micronutrientes como las vitaminas y minerales.

Nutrición y delgadez en la danza

Existe una clara diferencia entre una nutrición balanceada, donde uno cubre con sus requerimientos energéticos y mantiene su peso por encima de un índice de masa corporal (IMC) de 18.5 kg/m2, y la delgadez que se caracteriza por todo lo contrario además de una deficiencia de nutrientes y que puede provocar una caída en la función del sistema inmune.

En la danza se utiliza el cuerpo como su principal medio de expresión y por ello es necesario conocimientos mínimos sobre fisiología, nutrición y dietética. Con ello se puede saber la cantidad de gasto energético que se realiza durante la danza y así poder cubrir con las necesidades nutricionales. Con esto se lograría rendir y disfrutar de la actividad.

La energía para el movimiento se obtiene de tres fuentes principales: los carbohidratos, las grasas y en pocas cantidades de las proteínas. El consumo de estos nutrientes de forma equilibrada puede aumentar las reservas energéticas que el organismo alberga en los músculos, el tejido adiposo y el hígado. Si el consumo de los alimentos no se realiza adecuadamente puede llevar a la pérdida incluso de proteínas provenientes del músculo, lo que empeora el rendimiento, limita la flexibilidad y empobrece la actividad.

La flexibilidad, la fuerza muscular, la potencia, la resistencia y el rendimiento cardiovascular no se pueden trabajar y mantener en el tiempo sin una alimentación adecuada.

¿Cómo regular la alimentación entre ensayos y giras?

Tanto en el caso de ballet como otros bailes, los periodos de ensayo o entrenamientos pueden ampliar el horario de trabajo lo que aumenta el gasto calórico de cada uno de los bailarines, pero no la recuperación adecuada por falta de horarios cómodos para consumir alimentos sin afectar el desarrollo del entrenamiento. Por ello, los bailarines llegan a omitir comidas como el desayuno o el almuerzo y los sustituyen por algún snack pequeño como barritas energéticas o golosinas, ya que de esta manera logran entrenar mucho más tiempo y mantienen su energía.

Lo ideal sería priorizar las comidas principales y una vez comenzado los entrenamientos realizar pequeños snacks saludables como el consumo de frutas y frutos secos para el aporte directo de energía y así poder mantener estable el gasto energético. Además, es necesario acompañarlo con una buena hidratación ya que durante los entrenamientos constantes se logra perder aproximadamente 1 litro de líquidos (dependiendo de la intensidad de la actividad).

En épocas de gira, donde los ensayos y las funciones se programan durante la tarde-noche, se dedica más tiempo al desayuno, se hace una comida ligera y la cena es más completa y se convierte en el aporte de nutrientes principal de la jornada tras la actuación. De esta forma se llegan a cumplir de forma algo mejor las tres ingestas diarias mínimas recomendadas para cualquier persona adulta sana.

Entonces, es necesario que cada bailarín reciba una asesoría nutricional, teniendo en cuenta sus horarios y desgastes físicos para favorecer su rendimiento sin afectar su físico.

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