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Cuando llegan a la consulta en nutrición la mayoría de los papis, con sus niños de dos a cinco años, es con la queja de que su hijo no come nada o que cuando lo hace come con desgana y protesta o tienen inapetencia. ¿Pero realmente es una actitud de la que nos debemos de preocupar? ¿su niño se desnutrirá si sucede esto?

Lo que se conoce es que a partir de los 2 a 5 años se produce una disminución fisiológica del apetito, es decir, la inapetencia. Durante estas edades, la mayor parte de los niños ganan entre 1 a 2 kilos por año. Este ritmo de crecimiento es solo entre un 20 y 30 % de la que tienen durante su primer año. Por tanto, a esta edad tienen menores requerimientos nutricionales y por ente menor apetito.

En estas edades, los niños están interesados en el mundo que los rodea que por los alimentos. Al forzarlos a comer solo se genera un rechazo a la comida y, a partir de ahí, el acto de comer se convierte en algo incomodo y para nada placentero.

¡OJO! El rechazo a la alimentación también puede ser el resultado de una técnica de alimentación inapropiada: castigos, súplicas y sobornos.

¿Cómo controlar la inapetencia?

  • La mejor manera de animar a su niño a consumir sus alimentos es dando el ejemplo. Los niños tienen como primera elección imitar a los adultos que ven diariamente.
  • Otra manera es eliminar la oferta de golosinas por premiar una buena conducta o acto.
  • Tampoco permitir que su niño como a deshoras, controlando que es lo que come fuera de cada comida
  • Una vez en casa, es importante mantener las 4 a 5 comidas en el día: desayuno, media mañana, almuerzo, media tarde y cena.
  • Ayuda siempre a tener en cuenta sus preferencias en cuanto a forma de preparación y variedad de alimentos.
  • Aprovecha en ofrecer alimentos nuevos en cantidades pequeñas y combínalos con sus platos preferidos.
  • Evita que se presenten objetos distractores como los celulares, televisión, entre otros juegos en el ambiente de las comidas.
  • Ten en cuenta que, en ocasiones, los niños pueden estar cansados o sobre estimulados y, por lo tanto, no tienen la sensación de hambre ni deseos de comer.

IMPORTANTE

Una historia clínica y dietética detallada, y una exploración física completa permiten descartar enfermedades agudas o crónicas. En ese caso, la familia debe ser informada respecto al normal crecimiento y desarrollo del niño a esta edad.

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