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Uno de los experimentos más comunes y recordados por los niños en las clases de ciencia y ambiente es la semilla en el algodón, aquella técnica tan simple como mágica que permitía crear una planta en cuestión de días a partir de alimentos en casa (lentejas, garbanzos, alfalfa, …) Algunos de estos granos o leguminosas acababan sobre un algodón húmedo, creciendo bajo nuestra mirada infantil. ¡Hoy podemos repetir el experimento! ¡Pero esta vez para comerlo!

Beneficios de los germinados

Los germinados son muy saludables, poseen una elevada cantidad de enzimas (que favorecen la digestión) y nos aportan vitaminas E, A, C, K y del grupo B. Además, son ricos en minerales, aminoácidos y antioxidantes, como también fáciles de digerir y llamativos para los niños. Su perfil nutricional no es exactamente igual al de la semilla o legumbre de la que nacieron, pero esto no significa que sean mejores ni peores; simplemente son diferentes y sanos.

Además, de que su sabor puede adaptarse a las preparaciones, resultan muy vistosos. Podemos utilizar germinados en casi cualquier receta que imaginemos, desde ensaladas hasta sopas, como elemento decorativo o como ingrediente destacado. Hoy en día, triunfan en gastronomía. Se pueden comprar semillas de diversos tipos (se comercializan en pequeños sobres, listas para germinar); también están los brotes listos para consumir, tanto frescos como en conserva (los hay de soja o de alfalfa); o utilizar las semillas y legumbres más habituales en casa.

¡OJO! No todas las semillas se pueden germinar y comer. Los brotes del tomate, pimientos, berenjenas, y papas no deben consumirse porque son tóxicos. Por el contrario, las mejores opciones son los cereales y las leguminosas: alfalfa, soya, garbanzos, lentejas, trigo o centeno están entre las más utilizadas.

¿Cómo hacer tus propios germinados?

Existe muchos métodos o técnicas para realizar un germinado en casa, pero todas tienen elementos en común: Agua, aire, luz, un recipiente y cuidado. Todas las opciones resultan económicas y sencillas de realizar, la más común es la siguiente:

  1. Que necesitas: un frasco de vidrio, un paño fino (o gasa), una liga y agua.
  2. Lavar bien las semillas o legumbres que quieres germinar y déjalas en remojo toda la noche (2 a 3 cucharadas soperas).
  3. Al día siguiente enjuagar y poner las semillas dentro del frasco de vidrio, tapar con la gasa y asegurar con la liga. Lo importante es mantener la humedad en el recipiente, pero dejar que pase el aire a través de la tela. Coloca el frasco en un lugar fresco y luminoso, pero no directamente al sol. Dejar así por 24 horas.
  4. Llenar el frasco de agua a temperatura ambiente (a través de la tela) para enjuagar y humedecer las semillas. Escurre el agua y colocar de nuevo el frasco echado por 24 horas.
  5. En el segundo día ya veras como tus semillas o legumbres empiezan a germinar. La operación del lavado, escurrido y reposo se tiene que repetir varios días, dependiendo del alimento que germines y de cuanto quieras hacerlo crecer.
  6. Finalmente, saca los germinados del frasco y lavarlos bien antes de utilizarlos en las diferentes preparaciones. Puedes conservarlos en la refrigeradora por 3 a 4 días y consumirlos completos o solo brotes (según tu preferencia)

Disfruta de los beneficios de los germinados incluyéndolos en tu plan nutricional, siempre con la asesoría de un nutricionista.  

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