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Como hacíamos mención en un anterior artículo ¿Qué hay detrás de un adolescente rebelde y un padre exigente?, la mayoría de los padres que traen a sus hijos (as) adolescentes a consulta es porque estos “no hacen caso”.

Ya presuponemos que la adolescencia es una etapa de rebeldía, pero lo que no pensamos es que esta rebeldía de alguna manera favorece a la construcción de su identidad y de quiénes quieren ser.

Queremos que nuestros hijos sean la mejor versión de nosotros mismos, pero, al intentar que actúen, piensen, y sientan como nosotros, lo que realmente estamos tratando es de volverlos iguales a nosotros, ¿no crees?

Es por esto que, en una etapa donde percibimos que predomina el “descontrol”, paradójicamente una dosis de libertad puede resultar muy productiva y beneficiosa para ambas partes.

 

No sólo los adolescentes cambian, los padres también deben hacerlo

En esta etapa de la vida, es fácil de esperar en nuestros hijos adolescentes cambios que van desde lo físico hasta en su personalidad. Y esto genera una crisis en la dinámica familiar, ya que lo que solíamos decirles a nuestros niños o lo que solíamos hacer juntos como familia, ya no funciona o no les resulta tan interesante.

Entendiendo que para poder superar etapas críticas hay que movilizarnos hacia el cambio, no podemos pretender que los métodos disciplinarios o la forma de interactuar con ellos cuando eran más niños va a aplicar ahora que están adolescentes.

Es por esto que los padres debemos readaptarnos y descubrir otros métodos de crianza y otras formas de relacionarnos con nuestros hijos.

 

La importancia de la negociación en la adolescencia

Durante la niñez, es esperado que frente a cada cosa que un padre o madre le diga a su hijo, éste lo sienta como una verdad absoluta o como la única forma de ver las cosas.

Llegada a la adolescencia, donde se desarrolla el pensamiento crítico, es normal que los adolescentes comiencen a rebatir los puntos de vista de los padres y no estén tan dispuestos a hacer las cosas como lo dicen los adultos.

Los adolescentes tienden a centrarse en sí mismos y proteger su manera de sentir, pensar y actuar, ya que están en fase de su consolidación de identidad. Es por esto que, mientras más se les insista en algo o con mayor rigidez, menos van a querer acceder a esa petición u orden.

Pero, si les hacemos sentir que pueden tener voz y voto en aquello que se ordena, mágicamente pueden comenzar a sentirse más dispuestos a seguir lo indicado por los padres.

¿Qué implica entonces negociar?

Negociar es llegar a un acuerdo entre padres e hijos frente a una situación que genera malestar.

Es importante entender un factor central: aún cuando se les de voz y voto en los acuerdos a los que se llegue, es importante entender que la asimetría de roles permanecerá, sólo que no de una manera rígida. Esto es, los padres estarán dispuestos a escuchar y acceder en algunas cosas, pero la última palabra siempre será la de los padres.

En este acuerdo, cada una de las partes tiene que indicar a qué se compromete (acciones específicas).

Así mismo, deben definirse cuáles serán las consecuencias (tanto positivas como negativas) para el adolescente, en caso se cumplan o no los compromisos.

Por ejemplo:

Si los padres desean poner límites en el tiempo de uso de aparatos electrónicos, no deben de una forma “dictatorial” retirar los aparatos sin aviso o consentimiento del adolescente, ni deben definir el tiempo de uso sin haberlo conversado antes con su hijo. Hacerlo de esa forma sólo logrará que el adolescente se sienta cada vez más frustrado y quiera hacer las cosas a escondidas. Recuerda, ya no son niños, es normal que quieran definir la forma en la que ellos quieran hacer sus propias cosas.

Lo que recomendamos es que se sienten con su hijo (a) y conversen acerca de la problemática (por ej. qué es exactamente lo que les molesta, por qué es importante administrar el tiempo de uso de los aparatos electrónicos, etc.). Luego, llegar a un acuerdo de cuál será el tiempo de uso (por ej. máximo 2 horas al día). Y finalmente, cuáles serán las consecuencias de cumplir o no con el acuerdo (por ej. si lo cumple, el fin de semana se le puede permitir una hora adicional, y de no cumplirlo, se le puede retirar el aparato por un día).

Así mismo, si los adolescentes les expresan a los padres alguna molestia, es importante que los padres traten de hacer ese ejercicio a la inversa, comprometerse en llevar a cabo acciones que vayan en pro del bienestar del adolescente. Por supuesto que, manteniendo la asimetría, no va a existir algo así como “consecuencias” establecidas para los padres. Eso sí, si no nos preocupamos por nosotros mejorar para nuestros hijos, la consecuencia esperada será siempre un deterioro en dicha relación, y por supuesto, no es lo deseable.

“Los adolescentes tienden a centrarse en sí mismos y proteger su manera de sentir, pensar y actuar, ya que están en fase de su consolidación de identidad. Es por esto que, mientras más se les insista en algo o con mayor rigidez, menos van a querer acceder a esa petición u orden.”

Beneficios de la negociación

Dicho la anterior, procedemos a indicar algunos beneficios que tiene el uso de la negociación en las prácticas de crianza:

  • Favorece el desarrollo de su identidad.
  • Promueve el desarrollo de su autonomía y autoestima.
  • Les ofrece oportunidades para empatizar con los padres.
  • Favorece el sentido de responsabilidad.
  • Mejora la relación entre padres e hijos.
  • Favorece el desarrollo de sus habilidades sociales.

Conclusiones

Por lo tanto, la etapa de la adolescencia implica que los padres deben reajustar sus métodos de crianza y la forma en como se relacionan con sus hijos.

Sin embargo, entendemos que no es una tarea fácil, por lo que la ayuda de un profesional del área puede ser necesaria, ya sea a través de servicios como la Psicoterapia para adolescentes o la consejería para padres.

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