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Una de las preguntas más comunes al lidiar con un niño travieso es: ¿cómo puedo corregir su mala conducta? Aquellos pequeños que trasgreden los límites, que parecen no escuchar y hacen ver al adulto que están pasando por encima de ellos son los que pueden causar mayores dolores de cabeza a sus padres. Desesperados, los mayores buscan la guía de conducta con la esperanza de encontrar los pasos exactos para hacer de un niño travieso, uno tranquilo y obediente.

Lo cierto es que la conducta de un niño se puede retroalimentar a partir de cómo se responda a sus acciones. Tanto desde el lado más alegre, como felicitar o recompensar una conducta positiva, hasta gritar y humillar para evitar una conducta negativa, cada respuesta va a ser significativa en el futuro y puede modificar las acciones del menor.

Los niños aún no tienen total conciencia de qué es bueno y malo, y los métodos de crianza son el medio perfecto para que puedan desarrollarse correctamente. Sabemos ya que es importante aumentar su autoestima, felicitarlos por buenas acciones y hacerles ver cuando están haciendo lo correcto; sin embargo, cuando nos enfrentamos a acciones más “rebeldes”, tendemos a dejarnos llevar por la cólera. Así, las órdenes que podrían parecer efectivas, pues disminuyen la conducta que causa molestia, pueden tener un costo caro, afectando el autoestima o espontaneidad de nuestros pequeños. Por esto, es importante identificar si estoy tomando una decisión en base a la furia del momento y, si este es el caso, saber que esta no siempre es la mejor salida, sino un error común de la crianza.

¿Cuáles son estos errores?

Hablarles como si fueran adultos

Al contrario de lo que se cree, los niños pueden entender lo que sucede a su alrededor, son muy capaces de comprender el entorno y tomar sus propias conclusiones. No por ello debemos pensar que, si les hablamos como adultos, entenderán que la conducta que están realizando está mal. Hay que ser claros y directos, explicarles a los pequeños de una manera muy sencilla que lo que hacen no es correcto (incluso, podemos preguntarles si está bien o no y llevarlos a pensar sobre lo que han hecho), y darles a entender que hay una consecuencia detrás de la conducta.

“Lo cierto es que la conducta de un niño se puede retroalimentar a partir de cómo se responda a sus acciones. Tanto desde el lado más alegre, como felicitar o recompensar una conducta positiva, hasta gritar y humillar para evitar una conducta negativa, cada respuesta va a ser significativa en el futuro y puede modificar las acciones del menor.”

No enfatizar sus errores

La única razón por la que funciona el hacer énfasis en el error o la mala conducta de un niño es porque se siente mal y humillado de lo que ha hecho, y debido a que esa es una sensación muy fuerte y desagradable, el pequeño no querrá volver a pasar por el mismo mal momento. Sin embargo, esto sólo llena de inseguridad sobre lo que hace, pues no necesariamente entiende que ha habido una falta, solo que él está mal.

Criar con culpa

En relación con lo anterior, un niño va a detener alguna acción si se siente culpable por haberla hecho con anterioridad. Esto podría parecer un éxito para los padres, pero sólo es consecuencia de lo mal que se siente este pequeño, haciéndole sentirse limitado de lo que tiene o no tiene que hacer. Al contrario de esto, es importante evitar la culpa y enseñar responsabilidad; es decir, no enseñarles a culparse por lo malo que hicieron, sino saber que existen consecuencias de las que se tiene que hacer cargo si decide portarse mal.

¡No compares!

Si bien podemos usar ejemplos para darle a entender a los pequeños que lo que hacen no está bien, debemos dejar de compararlos con otros niños, hermanos o amigos. Las comparaciones solo generan mayor inseguridad en los niños, haciéndoles sentir que el otro es mejor por portarse bien.

Consejos finales

Lo más importante para la crianza de un niño es saber leer lo que quieren decir con cada posible rabieta, travesura o “malcriadez”. En cada una de ellas, los niños nos están avisando que se sienten aburridos, tristes o molestos, y somos nosotros los encargados de poder darles un espacio para poder expresarse correctamente y atender sus necesidades.

En este sentido, lo mejor es no minimizarlos o encasillarlos por sus conductas. Para un niño aún es complicado entender cómo se sienten y les cuesta un poco más que a nosotros poder verbalizarlo; por esto, acompañarlos a poder identificar sus emociones es parte importante de ver el origen de la conducta, pero también conocerlos y ayudarlos a conocerse.

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