En nuestras vidas estamos expuestos a múltiples situaciones demandantes que ponen a prueba nuestros mecanismos de respuesta. La reacción que tenemos frente estas situaciones se llama estrés, el cual consiste en una activación fisiológica del organismo que repercute en cómo sentimos, pensamos y actuamos.

El estrés es una respuesta natural y adaptativa que nos permite enfocar nuestros recursos al cumplimiento de un objetivo. Sin embargo, cuando sentimos que las exigencias sobrepasan nuestras capacidades, el estrés deja de ser funcional y se vuelve dañino, afectando nuestro bienestar.

Las demandas pueden presentarse en cualquier área de nuestra vida, es así que, aunque nos guste mucho nuestro trabajo, también puede ser una fuente importante de estrés.

¿Qué es el estrés laboral?

El estrés nos ayuda a adaptarnos a presiones internas y externas relacionadas a aspectos de la organización, contenido o ambiente del trabajo. Es decir, activa nuestro cuerpo, concentrando todos nuestros recursos para la consecución de la tarea que nos hayan designado. Sin embargo, cuando la persona percibe que no cuenta con los recursos suficientes para afrontar dicha demanda, desarrolla un malestar significativo que afecta su salud física y mental, ello se llama estrés laboral.

Las implicancias del estrés laboral están asociadas a malestares físicos y psicológicos, tales como problemas cardíacos, dolores de espalda, migraña, malestares digestivos, depresión, crisis de pánico, alteraciones del sueño y la alimentación, alteraciones en el sistema inmunológico, entre otros. Además aumenta el riesgo de accidentes de trabajo.

Las causas pueden ser múltiples y dependerán de cómo se sienta la persona en su puesto y cómo interactúa con su entorno de trabajo. Es así que, el estrés puede ser generado por excesiva carga laboral, muchas horas de trabajo, funciones inespecíficas, precarias condiciones laborales, exposición a sustancias tóxicas o perturbaciones en el ambiente, tener problemas con los compañeros y con los jefes, entre otros.

¿Cómo gestionarlo?

Si bien, es responsabilidad de la empresa garantizar condiciones saludables de trabajo para sus empleados, no debemos olvidar nuestra responsabilidad personal para hacer frente al estrés y propiciar nuestro propio bienestar.

Planifica tus actividades:

Haz una lista de todas las tareas y actividades que tienes por realizar, organízalas según el grado de prioridad o dificultad que tengan, y luego planea su realización durante la semana. Puedes usar una agenda, un calendario o usar aplicaciones móviles que te permitan programar recordatorios,

Gestiona tu tiempo:

Organiza tu tiempo, para ello puedes armar un horario donde consideres las actividades laborales que tienes por hacer, pero también debes incluir tus horas de descanso, comidas, sueño y ocio. Lo importante es encontrar un equilibrio entre todas las áreas de tu vida.

Traza objetivos:

Marca metas realizas y alcanzables. Inicia planteándote pequeños objetivos, pueden ser aquellos relacionados con aspectos cotidianos que son más manejables y que se puedan conseguir a corto y mediano plazo. La sensación de logro reduce los niveles de ansiedad y estrés, generando mayor motivación y energía para asumir nuevos retos. Luego podrás trazarte metas más ambiciosas a largo plazo, las cuales pueden dividirse en objetivos más chicos. Es recomendable tener un registro gráfico de nuestro progreso.

Cuida tu espacio físico:

Organiza, decora y personaliza tu espacio de trabajo. Ello te ayudará a sentirte más cómodo y conectado con el lugar, por ende disfrutarás más lo que haces.

Propicia buenos vínculos laborales:

Mantén tu mente abierta, baja la guardia y busca desarrollar buenas relaciones con tus compañeros, trabaja en equipo y sé amable. Así podrán crear una red de apoyo laboral que te hará sentir acompañado, haciendo los días más agradables y productivos. Si quieres saber más sobre ello, te recomiendo el siguiente artículo: ¿Cómo influyen las buenas relaciones con mis compañeros de trabajo en el desempeño?

Comunícate:

Si hay cosas que te están generando malestar dentro del ambiente laboral, sea por el espacio físico o el clima social, es importante que lo comuniques a tus superiores para que te ayuden a encontrar una solución. Asimismo, es fundamental que aprendas a decir “No” cuando sientas que no puedes asumir responsabilidades extra o que son tareas que no te competen, así evitarás cargas innecesarias.

Desconéctate del trabajo:

El trabajo se queda en el trabajo, no lo lleves a casa. Desconéctate de ello, deja el celular a un lado y olvídate de la carga laboral. Dedica tu tiempo libre a descansar, pasar tiempo en familia y disfrutar de tus pasatiempos. Asimismo, dentro del trabajo también puedes darte pequeños descansos (5 a 10 minutos), donde puedes caminar un poco, respirar aire fresco, tomar algo o hablar con un amigo sobre algún tema diferente a lo laboral, así despejarás un poco tu mente.

Evalúa tus capacidades y motivaciones:

Haz un autoanálisis honesto acerca de tu puesto de trabajo y de tus funciones, evalúa si realmente se ajusta a tus competencias, intereses y proyecciones, si es lo que deseabas y si disfrutas lo que haces. Igualmente, si descubres que no toleras tu trabajo, también evalúa los motivos a fondo, solo así podrás tomar una decisión adecuada. Si quieres conocer más sobre la insatisfacción laboral, te recomiendo el siguiente artículo: ¡No soporto mi trabajo!

Desarrolla hábitos saludables:

Haz actividad física y practica ejercicios de relajación, mantén una dieta balanceada y come a tus horas, duerme tus horas completas y propicia un buen descanso, evita el consumo de sustancias que puedan aumentar los niveles de estrés como son el alcohol, el tabaco y la cafeína.

Busca apoyo profesional:

Si el estrés persiste en el tiempo y el malestar se vuelve cada vez más significativo, afectando de forma negativa otras esferas de tu vida, lo mejor será buscar ayuda de un profesional.

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