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Las prisas, el deseo de que los niños disfruten de su infancia, el afán de perfeccionismo, llevan a los padres a anticiparse en la satisfacción de las necesidades de sus hijos y a evitarles cualquier contratiempo. El niño necesita sentirse querido y cuidado por sus padres para tener un buen desarrollo emocional. Sin embargo, si se le protege en exceso, se le puede perjudicar más que beneficiar.

Consecuencias de sobreproteger a los hijos:

No asumir responsabilidades ni desarrollar sus capacidades

Porqué los padres no los dejan, los niños suelen sentir miedo, inseguridad, su autoestima está mermada y tiene dificultades para tomar decisiones, lo cual los lleva a depender en exceso de los demás.

Cuando no hay límites y los padres no tienen autoridad, los hijos acaban haciéndose con el poder

El niño se convierte en el “rey de la casa” y las demás personas las tiene a su servicio. Como se le atienden sus deseos sin esfuerzo alguno, empieza a recurrir a la exigencia y al chantaje para obtener lo que quiere. Teniendo como resultado que cuando sale del ámbito familiar se encuentra con problemas de adaptación, no se siente comprendido, le cuesta hacer sus trabajos, tiende a no respetar las normas y suele mostrar carencias afectivas.

La sobreprotección detiene y perjudica el desarrollo óptimo de los niños

Por ello, los padres tienen que dejarlos evolucionar para no entorpecer su desarrollo.

¿Cómo podemos evitar la sobreprotección?

Es posible evitar caer en la sobreprotección; es así que, aquí les compartimos algunos consejos que podrían funcionar:

Concédele autonomía gradualmente

Permítele que explore el mundo, sin ver peligros en todas y cada una de las maneras que buscará para conocer lo que lo rodea. Déjalo tocar la tierra, acariciar a un animal, correr, socializar con niños de su edad, etc. Supervísalo y no exageres con las advertencias, bastará con una o dos del tipo, “¡Cuidado, te vas a caer o te golpearás!”. Si ves que no hizo caso a tus llamados de atención no exageres y ayúdalo a superar la experiencia.

Dale confianza para hacer cosas nuevas

Ayúdalo a lograr sus objetivos, no permitas que piense que no puede hacer lo que se propone. Ten en cuenta que ayudarlo no significa que lo hagas por él; si de verdad no puede lograrlo, muéstrale otras alternativas.

Enséñale a resolver problemas

Enséñale que el fracaso existe y que todos cometemos errores, pero siempre, con tu ejemplo, hazle saber que se puede volver a empezar y aprender de ello.

Celebra sus logros y su esfuerzo

Cada vez que ponga empeño en lograr un objetivo, sea que lo consiga o no, debemos recordarle lo valioso que es, lo bien que lo ha hecho, felicitarlo por su empeño y expresarle cuán valiente ha sido.

Nunca hagas las cosas por él

No hagas sus tareas cuando él esté demasiado cansado, es mejor que lo ayudes a crear hábitos de estudio. No pretendas que viva tus sueños, no aminores sus emociones y no dejes que nada afecte su autoestima.

Dale herramientas para que se defienda

No intervengas de inmediato cuando esté teniendo problemas con sus pares, de lo contrario nunca aprenderá a defenderse y resolver conflictos.

Ayúdalo a descubrir sus talentos

Todos tenemos diferentes habilidades. Potencia las actividades en las que pueda saber que es bueno haciéndolas, en las que se sienta cómodo y las disfrute.

Darle la protección justa y necesaria a nuestros hijos, sin sobreprotegerlos, es una cuestión vital para que puedan desarrollarse como adultos sanos y autónomos, capaces de lograr todo lo que se propongan en la vida, felices de quienes son y sin miedo a arriesgarse y asumir desafíos.

A continuación, te presentamos un video de nuestra psicoterapeuta Verónica Cagigao donde nos explica más acerca de este importante tema.

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