Las fantasías sexuales nos llevan a recrearnos, permitiéndonos posicionarnos en nuevos escenarios y distintos roles, lo que puede tener una serie de beneficios tanto a nivel sexual como emocional. Sin embargo, existen algunas consideraciones a tomar en cuenta para evitar que estas dejen de ser funcionales y se tornen problemáticas. A continuación, presentamos algunas situaciones que nos pueden ayudar a identificar cuándo las fantasías sexuales podrían considerarse un problema:

Cuando pasan a ser un requisito excitarse:

Las fantasías sexuales brindan libertad para promover nuestra imaginación, romper con la monotonía y avivar nuestra sexualidad; sin embargo, de convertirse en un recurso indispensable para lograr la excitación o para poder llegar a tener una relación sexual satisfactoria, podríamos encontrarnos frente a un problema. Es importante mantener una dosis adecuada de condimentos en nuestras recetas.

Cuando tratamos de imponerla:

Se debe tener cuidado con la posibilidad de sobrepasar los límites del respeto con otras personas. De querer poner en práctica una fantasía sexual, es importante que esta sea satisfactoria para todos los involucrados, por lo que una buena comunicación -sin presiones- se vuelve un factor previo esencial. Lo recomendable es no pasar a la acción si alguien no se siente cómodo, esto tanto dentro como fuera de la relación de pareja, por ejemplo, al fantasear con la dominancia o el exhibicionismo.

Cuando ponen en riesgo a la pareja o uno mismo:

Las fantasías sexuales suelen relacionarse con lo más profundo de nuestros deseos o curiosidades; pero, a pesar de la tentación, vale la pena tener cuidado con algunas de ellas. Puede que, de cruzar la barrera de la fantasía a lo real, se puedan convertir en algo frustrante o fuera de control, por ejemplo, en el caso de la asfixia autoerótica o las fantasías de infidelidades. El simple hecho de utilizar una fantasía como fuente de excitación o entretenimiento no significa necesariamente que queremos o debemos ponerla en práctica.

Cuando nos refugiamos en ellas para evitar la realidad:

La sexualidad es una de las áreas principales a través de las cual las personas obtenemos placer, en este sentido, fantasear puede ser una forma útil de disminuir el estrés que pueda generarse por las presiones diarias o la rutina. Sin embargo, es importante mantener la diferencia entre el mundo de las fantasías y la realidad, al procurar hacernos cargo de nuestros problemas o dificultades de manera activa y no evitativa.

Cuando no podemos controlarlas:

Parte del atractivo de las fantasías es poder tomar el rol de director, manejando a voluntad todos los factores en juego. No obstante, pueden darse situaciones en las que aparezcan de forma involuntaria y reiterada, sin que la persona tenga el control, por lo que pasarían a volverse una obsesión. Estos casos se vuelven particularmente problemáticos cuando las fantasías aparecen intrusivamente a lo largo del día e interfieren en el desarrollo adecuado de las tareas habituales; por ejemplo, si no nos permiten concentrarnos en el trabajo o los estudios. En otros casos, podrían volverse contraproducentes si la temática de la fantasía conflictúa emocionalmente a la persona que las tiene, por ejemplo, al fantasear recurrentemente con infidelidades y posteriormente sentirse culpable de ello. Que tengamos una fantasía sexual no quiere decir que queramos ponerla en práctica.

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