¿Sabías que el miedo a la muerte es algo aprendido? No nacemos con ese miedo. Sin embargo, la muerte es algo que nos asusta a todos en mayor o menor medida.

Además, la idea de conversar de estos temas con los niños nos puede asustar aun más, ya que quisiéramos protegerlos y evitarles todo dolor. Tenemos muchas ideas al respecto:

“Cuánto menos sepa, mejor”.

“No va a comprender, está muy pequeño”

“No se da cuenta”.

“No le hables de eso que lo vas a traumatizar”.

Por eso, como adultos tendemos a darles explicaciones erróneas u omitimos información, lo cual resulta perjudicial para el proceso de elaboración del duelo ya que, por una parte, podemos incrementar sus miedos, y por otra, al privarlos de estas experiencias dolorosas serán más propensos a desarrollar una baja tolerancia a la frustración y a no poder hacer frente a las dificultades.

Por lo tanto, te ofrecemos el siguiente artículo para orientarte al respecto.

¿Cómo comprender la muerte?

En primer lugar, debemos saber que para comprender la muerte hay que tomar en cuanta cuatro componentes de la definición de esta:

Irreversibilidad:

No se puede revertir la muerte, cuando se muere, por definición, no se vuelve a vivir.

Por lo tanto, los especialistas recomiendan explicar sin mucho rodeo que la persona ha muerto y que no volverá.

El uso de frases ambiguas como “se ha ido”, “está en un lugar mejor”, “se quedó dormido en un sueño muy largo”, “se ha ido de viaje”, entre otras, solo despiertan más angustia y frustración en los niños, ya que estos pueden comenzar a intentar hacer cosas para que la persona regrese.

Universalidad:

Todos los seres vivos van a morir en algún momento.

Cuando un ser querido muere, no es de extrañar que el niño comience a preguntarse si todos los demás que lo rodean morirán.

Ante esto se recomienda ser sinceros. Evite usar frases como “no te preocupes, eso no me pasará”, “eso solo le pasa a la gente que es mala”, porque solo traerá falsas expectativas.

Sin embargo, esta sinceridad debe ir gradualmente, no dar tantos detalles porque los niños pueden tener una noción corta del tiempo y pensar que todo es próximo a pasar. Además, esta sinceridad debe ir de la mano con la reafirmación de su seguridad.

Por lo tanto, te recomendamos hacer comentarios al estilo: “si, todas las personas en algún momento morirán, pero eso pasará dentro de mucho tiempo, se supone que cuando se es viejo, y tú siempre tendrás a alguien que te acompañe”.

Finalización:

Tras la muerte, el cuerpo deja de funcionar.

Es importante hacerles entender que el muerto ni ve, ni escucha, ni siente, ni sufre.

Se recomienda evitar frases como “él te mira desde arriba y te escucha”, ya que pueden causar confusiones y angustias a los más pequeños que se toman todo literal.

Sin embargo, frases como “esa persona te cuida”, “estaría orgullosa”, “siempre te querrá”, pueden ayudar siempre y cuando les expliquemos que eso es nuestro deseo, y que la persona no ha desaparecido, sino que seguirá en nuestros recuerdos.

Causalidad:

La muerte siempre tiene una causa física, y no siempre está bajo nuestro control.

Es importante que los niños sepan que hay una explicación para lo que ocurrió.

Los niños más pequeños por definición son egocéntricos, por lo que, si no entienden que se trata de una causa física, podrían asociar que la muerte fue producto de sus pensamientos, emociones o conductas, y esto los hará sentir culpables.

Es de vital importancia reafirmarles que ellos no tienen la culpa de lo que ha pasado. Y, al explicarle los detalles de la muerte, evitar dar detalles morbosos dependiendo de la edad (por ejemplo, en casos de suicido, asesinatos y otros).

Evite explicaciones ambiguas como “murió durmiendo”, “Dios se lo llevó”, ya que podrían traer angustias. Solo cuando la causa física esté explicada podemos dar paso a las creencias que comparta la familia con respecto a la muerte, incluyendo temas religiosos, los cuales ayudan a elaborar el duelo.

Comprendiendo esos cuatro componentes es que podemos ayudar a los niños a ver la muerte como un proceso natural, que, aunque a veces podría ser inesperado o prematuro y generar mucho dolor, este puede ser transitable.

¿Cómo converso entonces esto con mi hijo (a)?

Tomando en cuenta lo anterior, te enlistamos una serie de recomendaciones para abordar este tema con tus hijos tras la pérdida de alguien cercano:

¿Quién debe dar la noticia?

La noticia debe ser transmitida por las personas más cercanas al niño, de preferencia, la persona que está a su cuidado o asumirá el mismo (en caso del fallecimiento de uno o ambos progenitores).

¿Cuándo se debe dar la noticia?

Se debe comunicar la noticia lo antes posible, postergarla no evitará el dolor, de hecho, complicará su proceso de duelo.

Si se trata de un familiar enfermo y ya se conoce el pronóstico, es importante ir preparando al niño con tiempo, alertarlo de la posibilidad del fallecimiento de la persona.

¿Dónde se debe dar la noticia?

De ser posible, en un espacio tranquilo, libre de distracciones e íntimo, que permita la expresión emocional.

Es importante reconocer que habrá muchas preguntas que no podremos responder, por lo que no temas a decir “no sé”, es preferible esto a que le des una respuesta sin base.

¿Cómo se debe dar la noticia?

Además de las recomendaciones ofrecidas en el apartado anterior, te ofrecemos las siguientes:

  • Evitar frases ambiguas o uso de metáforas.
  • Dar la información gradualmente, evitar ofrecer detalles morbosos.
  • Más allá de los detalles de la muerte, lo que más le va a preocupar al niño es cómo cambiará su vida a partir de ese hecho, por lo que es suficiente con ofrecer al menor una explicación sencilla de lo sucedido y enfocarnos en que se garantizará su seguridad.
  • Favorecer el diálogo, indicarle al niño que es libre de preguntar lo que desea y que esto no será mal visto ni afectará a nadie.
  • Favorezca a la expresión emocional, indíquele que es normal sentirse mal por lo ocurrido, y que incluso usted comparte esa sensación. Ayúdelo a poner en palabras lo que siente. No tema a mostrar sus emociones, si bien no es la idea desbordarse frente al niño, que éste sea consciente de que sentirse triste, molesto, asustado o aliviado es algo normal podría ayudar a calmarlo.
  • Recordarle que nada de lo sucedido es su culpa.
  • Hacer uso de ejemplos a partir de la naturaleza podría ser de ayuda (por ej. hacer referencia a algún animal que falleció).
  • No tema a usar las palabras muerte y muerto.
  • De tratarse de una figura cercana y/o de cuidado, es importante mantener las rutinas cotidianas, éstas le darán sensación de seguridad. Si algo cambiará en la rutina, debe notificársele a la par de que se le indicará las medidas que se tomarán al respecto.
  • No negarles la participación en rituales funerarios. Los rituales son mayormente para los vivos, nos ayudan a elaborar la muerte, despedirnos. Por lo tanto, si el niño necesita hacer una carta, ir al cementerio, o asistir a alguna misa, no se le debe negar. Así mismo, si el niño desea no asistir, tampoco se le debe forzar.
  • Recordarle que esa persona nunca será olvidada ni reemplazada, y que siempre estará en nuestro recuerdo.
  • Durante estas conversaciones es importante mantener la calma. Si usted no se siente preparado para hablar del tema, busque ayuda o delegue esta labor a otra persona cercana al niño.
  • Así mismo, es importante reconocer que habrá muchas preguntas que no podremos responder, por lo que no tema a decir “no sé”, es preferible esto a que le se le dé una respuesta sin base.

Comentarios finales

El proceso de duelo se caracteriza por cambios a nivel de la conducta, pensamiento, emociones e incluso fisiológicos. Es un proceso único en cada persona.

Por lo tanto, es importante comprender que tras la pérdida de un ser querido es normal experimentar un vaivén de emociones (tristeza, molestia, culpa, alivio, miedo, etc.), pensamientos en ocasiones negativos (recuerdos, deseos, temores, entre otros), cambios en nuestra forma de comportarnos (poca motivación, desinterés, entre otros) e incluso hay quienes pueden llegar a experimentar malestares físicos.

Es un estado temporal, no tiene un tiempo delimitado. Sin embargo, si sientes que el malestar se torna inmanejable para ti o para el menor, lo mejor sería que acudieran con un profesional que pueda brindarles orientación al respecto y un espacio de escucha y contención.

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