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Para responder a la pregunta con la cual iniciamos este artículo, es importante definir lo que es una rabieta o berrinche.

Para la Real Academia Española, una rabieta es impaciencia, enfado o enojo grande que se presenta por un motivo leve y suele durar poco. Es una definición un tanto sencilla y simple que no le hace justicia a quienes la vivencian ni a los padres quienes la presencian, pues cuando se está ante una, haríamos lo que fuera por eliminarlas.

¿Qué es una rabieta entonces?

Una rabieta es la expresión de un gran malestar emocional experimentado por el niño(a) ante una necesidad básica o secundaria no satisfecha adecuadamente.

Razones por cuales nos cuesta acompañar a los niños durante sus rabietas

A continuación, exploraremos algunas razones por cuales nos cuesta acompañar a los niños durante sus rabietas:

Tu historia de vida:

Por lo general, nuestras experiencias tempranas con nuestros padres han modelado ciertos modos “de ser”, “de estar con los otros” y “de hacer las cosas”. La familia es nuestro primer y principal referente, por lo cual puedes tratar de recordar cómo respondían tus cuidadores cuando tenías determinadas conductas y reflexionar qué tanto éstas se acercan o alejan del modo que tienes de reaccionar tú para con tus hijos.

Tu estado emocional y físico:

Revisa ¿Cómo está tu relación de pareja?, ¿Cómo estás descansando? ¿Cuál es tu nivel de estrés? ¿Cómo está tu estado de ánimo? ¿Cómo te sientes en el ámbito laboral? ¿Hay algún malestar físico? Antes de criticarte por no tener las respuestas de padre o madre que te gustaría para con tus hijos, revisa qué factores o situaciones pueden estar influyendo actualmente en tu modo de responder a las necesidades de tus hijos. Ello no es para justificarte, pero sí para comprenderlo y hacer algo al respecto que te ayude a estar mejor contigo y con quienes quieres.

Tus expectativas:

Seguramente, cuando observaste alguna rabieta, te dijiste a ti mismo que eso no te pasará, “qué tus hijos serán bien educados”, “que les enseñarás a obedecer desde muy pequeños”, etc. Quizá convenga revisar qué tanto tus expectativas te alejan o te acercan de la realidad. Creo que el sueño de todo padre o madre es tener un niño(a) tranquilo, obediente, que obtenga buenas calificaciones, que duerma sus horas, que juegue solo y deje hacer los deberes sin interrumpir. Lo cierto es que los niños así no existen porque no es parte de su naturaleza.

Creer que “se portan mal intencionalmente para manipularnos o mandarnos”:

Si pensamos que los niños han planificado su rabieta y lo actúan intencionalmente estaremos menos disponibles y en lugar de ayudarlos a gestionar su malestar seguramente lo haremos más grande porque nuestras respuestas no serán las más apropiadas. Los niños lo que más quieren en esta vida es agradar a sus padres, sentirse queridos, tener su atención. Si tiene una rabieta a causa de no haberle comprado un juguete es porque no tiene otros modos de expresar su tristeza o su enojo ante la negativa de tener algo que para él es importante (aunque tenga una torre de juguetes en casa). Es normal que lloren, estén tristes o molestos cuando les parece injusto no tener ese juguete que tanto les ha gustado. Ello no quiere decir que debas comprarlo, pero tampoco reñirlo por sentir lo que siente.

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Piensas que si le permites expresar su rabieta y lo consuelas con el pasar de los años se pondrá peor:

Si lo ves como una lucha de poder, no podrás ayudarlo. En general, las rabietas son normales entre los 2 y los 6 años, con algunas variaciones pues cada niño(a) es único y la intensidad y duración de cada rabieta va a variar dependiendo de las personas con quienes esté, las respuestas que tenga en su entorno y principalmente la causa subyacente a la rabieta.

La causa generalmente no es tan evidente.

Puede que aparentemente llore porque no le diste el celular pero que en realidad ese día no haya dormido lo suficiente y cualquier motivo sea una buena excusa para explotar pues hay una necesidad básica (el descanso) no satisfecha adecuadamente. Pero recuerda que no es intencional. Los mismos niños no saben el por qué sienten eso y sólo lo actúan. Corresponde a los padres tratar de ir “más allá” para ayudarles a gestionar las rabietas.

Veámoslo con un ejemplo:

Cuando tu hijo estaba aprendiendo a hablar, pronunciaba mal muchas palabras y seguramente te daba ternura, esbozabas una sonrisa y te decías que poco a poco aprenderá a hablar mejor. No creo que te hayas molestado diciendo “si ahora pronuncia así, que será cuando tenga 5 años más, va hablar terrible” y lo hayas hecho asustar con una correa o hayas amenazado con castigarlo si sigue pronunciando mal. Con las rabietas es así. Los niños necesitan acompañamiento empático hasta poco a poco poder reconocer y gestionar sus emociones.

Por lo tanto, resulta importante profundizar sobre cómo ayudar en el desarrollo emocional de tus hijos, informándonos más al respecto y/o buscando el asesoramiento de un profesional que con empatía, nos ayude a comprender mejor a nuestros hijos.

Claudia Acosta Orellano

Psicoterapeuta de Libera

C.Ps.P. 32077

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