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En algún momento nos ha pasado que hemos tenido alguna conducta perfeccionista ante un proyecto o situación, en donde hemos querido que todo se cumpla al pie de la letra y sin margen de error, o incluso esperamos que, en nuestras relaciones, ya sea con nuestros amigos, pareja o incluso hijos todo vaya de maravilla, corrigiendo pequeños detalles que nos hacen pensar que el que todo vaya “bien” no es suficiente.

No es raro pensar que, durante muchos años, nuestra sociedad nos haya hecho ver al perfeccionismo como un defecto totalmente aceptado y hasta incentivado, pues se dice que hay que hacer las cosas bien y si ya están bien pues debemos hacerlas perfectas, dejando en cero al margen de error, nos hemos acostumbrado a pensar que, si el trabajo no está perfecto, mejor no lo hagamos. Vemos a diario a través del mundo digital como todo debe ser hecho con precisión y perfección, nuestras tareas, trabajos, cumplir nuestros roles siendo madres, padres, esposos (as), A1.

El problema aparece, muchas veces, cuando con el afán de mantener la exactitud y perfeccionismo en nuestras obras, nos cargamos de estrés constantemente lo que genera que nos agotemos, desbordemos y sintamos de mal humor, pues consideramos que hay que mejorarlas indefinidamente sin decidirnos a considerarlo acabado.

Muchas veces el ser perfeccionista podría nacer del hecho de que encontrar una felicitación por parte del otro resulta más importante que sentirnos satisfechos con el trabajo logrado, es por ello que, el esfuerzo que hacemos es excesivo con el fin de obtener esto de parte del otro, asimismo existe un gran temor a cometer errores, muchas veces consideramos como un fracaso el no haber podido cumplir con la meta que nos hemos propuesto.

“No es raro pensar que, durante muchos años, nuestra sociedad nos haya hecho ver al perfeccionismo como un defecto totalmente aceptado y hasta incentivado, pues se dice que hay que hacer las cosas bien y si ya están bien pues debemos hacerlas perfectas”

Para poder alcanzar la armonía y coherencia en nuestro día a día, es importante tomar en cuentas estas recomendaciones que nos ayudarán a bajar nuestras revoluciones con respecto a la creencia de que debemos hacerlo todo perfectamente bien:

  • Tomar en cuenta y reconocer las consecuencias de una conducta perfeccionista, pues es posible que nos esté llevando a sentirnos muy estresados o agobiados por las altas metas que nos ponemos.
  • Reconocer el derecho a equivocarnos, no siempre va a salir todo como nosotros esperamos.
  • Evitar decirnos cosas como “que tonto que soy, esto no es para mí, todo me sale mal”, esto solo deteriora nuestra autoestima y nos puede generar un sentido de inutilidad.
  • Proponernos pequeñas actividades que al terminarlas nos genere más confianza.
  • Aprender a delegar y pedir asistencia a otros, nos ayudará a liberarnos de cargas, tratemos de no fijarnos en si las personas han realizado el trabajo como lo esperamos, si no es un gran error que genere consecuencias, dejémoslo pasar y agradezcamos la colaboración.
  • Revisar tus expectativas, suele ocurrir que nos ponemos metas muy altas que no podemos cumplir en ese momento.
  • Interiorizar la ley del Pareto, la cual explica que solo el 20% de nuestro esfuerzo produce el 80% de nuestros resultados.
  • No consideremos muchas revisiones al momento de enviar un archivo o terminar una tarea, limitemos el tiempo que le dedicamos a esto.
  • En situaciones sencillas tratemos de tomar una decisión rápida que nos permita ponerle fin a ese asunto.
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