Estadísticamente, los hombres tienden a buscar ayuda profesional de manera menos frecuente que las mujeres cuando se les presenta un problema de naturaleza física o psicológica, en contraste con la amplitud y severidad de los problemas que se le presenten.

En el pasado, esta situación era vista como normal, donde las mujeres eran consideradas como personas débiles y que sobre-utilizaban los servicios mientras que los hombres eran percibidos como el sexo fuerte, haciendo uso de los servicios en una cantidad justa. Sin embargo, el que los hombres tiendan a buscar menos ayuda no quiere decir que necesariamente presenten menos problemas que las mujeres. Los hombres presentan una mayor tasa de mortalidad, mayor tasa de enfermedades físicas y un malestar psicológico que se traduce en abuso de sustancias, depresión y suicidio, y que muchas veces se vive en silencio.

¿A qué se debe entonces esta diferencia en el uso de servicios en salud mental?

Aunque los tiempos actuales están cambiando y cada vez hay más hombres acudiendo a profesionales de la salud mental, aun se encuentran en menor proporción que las mujeres.

Si bien en el proceso de búsqueda de ayuda psicológica intervienen muchos factores como la edad, nivel de instrucción, nivel socioeconómico, disponibilidad de los servicios, aceptación de que se tiene un problema, apertura para hablar acerca de las emociones, la tolerancia al estigma que se tiene de las personas que acuden a psicólogos (“locos”), entre otros, uno de los factores que tiene gran peso es el de la identidad de género.

El género hace referencia al conjunto de roles, comportamientos, preferencias y otros atributos que son esperados por el hecho de ser mujer y hombre en una sociedad determinada. A lo largo de nuestro crecimiento personal nos vamos identificando con elementos masculinos y/o femeninos, en función a lo que nos gusta y lo que los demás esperan de nosotros.

¿Qué espera la sociedad de los hombres?

Al revisar la literatura, en el trabajo psicoterapéutico con hombres se han identificado al menos siete formas de ser que se espera de los mismos:
  • El ser fuerte y mantenerse en silencio, por lo que se espera que los hombres sean poco expresivos ante su malestar, manteniéndose siempre bajo control.
  • El ser duro, por lo típicamente los hombres están asociados con la agresividad, conductas temerarias e invulnerabilidad.
  • “El mandar al otro al infierno”, donde se considera a la violencia como socialmente aceptable para comportarse y resolver problemas.
  • El hombre como ser sexual, por lo que se espera que los hombres estén constantemente pensando en tener relaciones sexuales, y que a la vez no busquen intimidad ni emocionalidad mediante el sexo.
  • La homofobia, donde se considera que para ser hombre es necesario evitar o rechazar lo femenino o lo homosexual.
  • El hombre ganador, por lo que se espera que sean competitivos.
  • El hombre como ser primordialmente independiente, por lo que ser hombre significa ser autosuficiente, por lo tanto, buscar ayuda resulta incómodo y vergonzoso.
En general, los hombres podrían mostrarse poco dispuestos a buscar ayuda cuando perciben que su problema es poco común, cuando este problema está vinculado con la manera en cómo se conciben a sí mismos o asuntos de autoestima, cuando el grupo al que pertenece se defiende que los hombres deben ser autosuficientes y el buscar ayuda generaría sensación de poco control de sí mismos y/o rechazo en otros (“los hombres no lloran”), cuando sienten que no pueden devolver el favor a quien les ayuda y cuando los ayudadores potenciales son hombres o hacen énfasis en la expresión de emociones.

En conclusión…

Aunque se trata de un proceso complejo, por lo general los hombres en contraste con las mujeres tienden acudir menos al psicólogo ya que esto podría adentrarlos en un conflicto con su rol de género (“los haría sentir menos hombres”). Sin embargo, es importante aclarar que no pasa con todos los hombres y que actualmente se están dando cambios en la sociedad.

Es un sufrimiento que muchas veces se lleva en silencio. Es importante no juzgar las conductas de orgullo, actitud de reserva, o poca receptividad que puedan mostrar los hombres, hay que ser pacientes, comprender y promover la expresión de pensamientos y sentimientos, sobre todo desde pequeños.

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