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Las relaciones de pareja suelen tener momentos tensos, los cuales muchas veces desembocan en una discusión o una pelea. Si bien el conflicto es uno, la forma de entenderlo es distinta para cada miembro de la relación, por lo que vale la pena preguntarnos ¿el problema estaría siendo verdaderamente la situación que se está viviendo o la interpretación que nosotros tenemos de esta?, y en todo caso, ¿estamos basando nuestra interpretación de lo que está pasando en información objetiva?

A continuación, presentamos los errores de interpretación más usuales ante los problemas de parejas:

Interpretar de manera selectiva:

Cuando esto sucede sacamos de contexto la información y podemos centrarnos en mayor medida en ciertos detalles (interpretados como negativos) e ignorar otros (que podrían ser interpretaos como neutros o incluso positivos). Por ejemplo, si la pareja está distraída en una cita y nosotros pensáramos que ya no le interesa la relación; pudiendo suceder que tiene preocupaciones en el trabajo o en su familia, entre otras opciones.

Pensamiento de todo-nada:

Sucede cuando entendemos las experiencias como totalmente buenas o totalmente malas, sin considerar los puntos medios o las áreas grises en cuestión. Normalmente solemos expresarnos en términos de Siempre – Nunca y Todo – Nada. Por ejemplo, si la pareja nos recomienda algo y nosotros pensáramos “Nunca hago nada bien”.

Inducir arbitrariamente:

Esto se da cuando llegamos a conclusiones sin tener información objetiva que la sustenta. Por ejemplo, si nuestra pareja se lleva el celular al baño y pensamos “seguro está escondiendo algo, debe tener una amante”.

Sobregeneralizar:

La sobregeneralización se refiere al llegar a conclusiones globales tomando como base unas cuantas situaciones puntuales. Por ejemplo, pensar que si mi pareja no quiere tener relaciones esta semana es porque ya no le atraigo, y si no le atraigo a mi pareja, entonces esta relación no va a funcionar.

Personalización:

Se da en aquellas situaciones en las que creemos que de innegablemente nosotros somos la causa de las emociones o a acciones del otro, llegando a esta conclusión sin suficientes pruebas. La personalización genera un sentimiento de gran responsabilidad por el bienestar de los demás. Por ejemplo: “Seguro llegó de mal humor de la oficina porque no le escribí en todo el día”.

Leer la mente:

Se trata de aquellos escenarios en los que se asume lo que la otra persona está pensando o va a pensar, ante lo cual se toma una actitud defensiva que puede generar dificultades en la interacción. Por ejemplo, no contarle a la pareja con quien se convive que se están teniendo dificultades económicas porque “ya sabemos que va a reaccionar mal” y actuar como si todo estuviera bien, complicando las posibles consecuencias del problema.

Es importante considerar que los estilos de interpretación mencionados suelen ser automáticos, no solemos elegirlos; e incluso, muchas veces es difícil identificarlos en uno mismo. Es por ello por lo que compartimos las siguientes recomendaciones:

  • Preguntar antes de asumir.
  • Utilizar feedback, comunicando lo que has entendido para que la otra persona pueda validar si eso fue lo que intentó expresar.
  • No dejarnos llevar por los impulsos al interpretar y actuar apresuradamente.
  • Analizar si nuestra forma de entender el problema es la única que hay y preguntarnos qué otras podría haber.
  • Tomar distancia al analizar los problemas. Por ejemplo, pensando en cómo lo entenderíamos y qué consejo le daríamos a un amigo en una situación similar.
  • Si creemos que estamos generalizando, preguntarnos si existe alguna excepción a la forma en la cual estamos entendiendo las cosas.
  • Muchas veces nos tomamos algo personal cuando no lo es. Es útil preguntarnos: ¿De todas maneras la intención de la otra persona fue dañarme o puede que haya tenido otra motivación para actuar como lo hizo?

Patrick Mac-Lean

Psicólogo de Libera

C.Ps.P. 34163

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