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Quienes trabajamos con niños y adolescentes, tenemos la valiosa oportunidad de acercarnos a su mundo interno, conocer su intimidad y cuidar de ella. Pero el trabajo no es solo con ellos, ya que viven y se desarrollan en un entorno el cual también tenemos que atender.

Padres que minimizan el mundo interior de sus hijos

Trabajar con los padres, nos permite saber desde qué lugar están mirando a su hijo o hija, y cómo es que ellos se permiten interpretar las conductas o actitudes que ellos expresan. Si bien existe un gran grupo de padres que mira con benevolencia a sus hijos, existe otro grupo de padres que tienden a minimizar los problemas que pueden experimentar o atravesar. Esto último pone en relevancia una pregunta que debemos plantear: ¿qué pasa con un niño que siente cosas y que recibe indiferencia o negación por parte de sus papás?

Recordemos que los niños y adolescentes, al tener poca experiencia de vida, cuentan con menos recursos para interpretar y comprender lo que sucede en el mundo exterior e interior, y precisamente por eso es que buscan a adultos que les sirvan de guía y norte. Cuando ese adulto se expresa con comentarios como “ay no tienes de qué preocuparte”, “eso no es importante”, “mis problemas sí son dolores de cabeza”, etc., lo que genera es que el niño pierda la oportunidad de que alguien con más trayectoria le ayude a comprender-se, y entonces se agrande la emoción que esté experimentando.

¿Qué hacer entonces?

  • Es bueno que entendamos que todas las emociones son válidas, todos los motivos tienen un sentido para quien lo siente, y que ningún problema es más importante o menos importante que otro. Desde ahí, desde un terreno más horizontal, es más probable que miremos al niño como un sujeto de derechos y atendamos el problema.
  • Luego de eso, conversar con él o ella, escuchar lo que siente, desde cuándo, cómo empezó, qué está pasando, qué piensa, etc., permitirá que como adultos los podamos guiar y orientar de acuerdo a nuestros valores.
  • Dependiendo de la edad que tenga el niño, niña o adolescente es útil también escuchar que ellos nos planteen qué soluciones o alternativas le ven a su dificultad. Así como padres, podemos explorar con qué recursos cuentan, para así corregirlos, validarlos o mejorarlos.
  • Validar sus emociones y ayudarlos a comprender que es normal sentir malestar, darles un espacio para que lloren, griten, renieguen, o estén en silencio puede ayudar a normalizar estas emociones para que cuando sean grandes no intenten taparlas sino más bien que las identifiquen para que se hagan cargo de ellas.
  • Mostrar que nosotros como padres podemos ayudarlos en lo que esté en nuestras posibilidades hacer, fomentando así que logren pedir ayuda y confíen en los adultos cercanos.

Si bien existe un gran grupo de padres que mira con benevolencia a sus hijos, existe otro grupo de padres que tienden a minimizar los problemas que pueden experimentar o atravesar.

Recordemos que no existen pautas ni reglas estrictas, cada papá y mamá encontrará la manera de acercarse a su hijo o hija. Nosotros en el consultorio, nos acercamos a ellos desde un lugar de mucho respeto y comprensión, escuchando atentamente su malestar, haciéndoles sentir que lo que viven es válido e importante, para luego así encontrar un modo de dar solución a lo que experimentan.

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