Muchas veces hemos escuchado a las personas que asisten a consulta, sentirse impotentes, sin rumbo, como que vivieran de una manera monótona y sin sentido. Como si su vida hubiera perdido su energía y se estuviera apagando poco a poco. Este hecho es muy frecuente.

¿Qué sentido tiene vivir momentos “difíciles” en nuestras vidas?

Para intentar intuir la respuesta, utilizaremos un extracto de la obra de Viktor Frankl (médico judío quien en la segunda guerra mundial estuvo en un campo de concentración nazi).

…Uno de los prisioneros me contó tiempo después, que el primer día de su internamiento, cuando marchaba de la estación del tren al campo, en la larga cola de los nuevos reclusos, tuvo la sensación de estar desfilando a su propio funeral. Se le borró de tal forma el futuro, que contemplaba todo como algo que ya había pasado, como si ya hubiese muerto. Esta sensación de ausencia de vida, de cadáver viviente, se intensificaba, además, por otras causas: en cuanto al tiempo, la limitación del cautiverio se sentía de forma más aguda; en lo referente al espacio, nos atenazaban los estrechos límites de la prisión. Lo que traspasaba el cerco de la alambrada se antojaba remoto, inalcanzable y, en cierto modo irreal.

La vida normal, la gente normal, aquello que sucedía detrás de nuestro hermético círculo adquiría para el prisionero un aspecto fantasmagórico. La vida exterior del campo, al menos hasta donde el prisionero podía vislumbrarla, surgía como una visión, como la visión de un hombre muerto que se asomara desde el otro mundo.

El hombre que se dejara vencer interiormente ante la ausencia de metas futuras ocupaba y llenaba sus pensamientos de recuerdos. Esta tendencia a refugiarse en el pasado como recuerdo a apaciguar los horrores del presente, teniendo así una menor sensación de realidad. Pero despojar así al presente de su genuina realidad entraña ciertos riesgos. Si se dejaba inundar por este tono de irrealidad, el prisionero se desentendía con facilidad de aprovechar las ocasiones de realizar las acciones positivas que el campo le brindaba, y esas oportunidades que existían de verdad, eran reales. Considerar nuestra existencia provisional (temporal) como algo irreal constituía un factor primordial para que la vida se les fuese entre las manos a los prisioneros, porque todo se revestía como carente de sentido.

Tales personas olvidaban que en multitud de ocasiones, son las circunstancias excepcionalmente adversas a difíciles las que otorgan la oportunidad al hombre de crecer espiritualmente más allá de sí mismo. En vez de aceptar las dificultades del campo como una prueba de entereza humana, juzgaban su situación como un error o paréntesis del destino, como algo privado de cualquier consistencia existencial. Preferirían cerrar los ojos y refugiarse en el pasado. Para esas personas se oscurece el sentido de la vida, la vida pierde todo sentido.

Evidentemente, tan solo unos pocos lograron esas cimas elevadas de desarrollo espiritual. Pero a esos pocos se les ofreció la oportunidad de conquistar la grandeza humana, aún a costa de su aparente fracaso y muerte; una hazaña que quizás jamás merecerían en las circunstancias ordinarias de la vida. Se podría afirmar que buena parte de los prisioneros del campo de concentración creyeron que en esas circunstancias el destino les liberaba de las tareas de la autorrealización, cuando en realidad allí se les ofrecía una oportunidad y un desafío. Cada uno podía convertir esa tremenda experiencia en una victoria, transformar su vida en un triunfo interior, o bien, desdeñando el reto, limitarse a vegetar, tal y como hicieron la mayoría de los prisioneros”…

Reflexión del fragmento

De acuerdo a lo leído anteriormente, podemos ver a los problemas (en sus diversas intensidades, si es que queremos utilizar este término) como oportunidades para seguir creciendo y madurando.

Pero ¿cómo lo logramos?, bueno este desarrollo positivo no se da de casualidad, sino viene de elegir y actuar en congruencia a pesar del temor y dolor que podamos sentir, ya que en este actuar, la paz con uno mismo y el sentimiento de bienestar, a pesar de todo, se da, y con esto ya encontrado, paso a paso el camino hacia nuestra felicidad.

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