Quizás uno de los grupos sociales más incomprendidos sea el de los tímidos. No querer ser el foco de atención en una sociedad donde lo que se valora es destacar puede ser como presentarse a una maratón con los pies atados.

En la escuela, un niño tímido quizás no se atreva a reconocer que tiene dudas delante de sus compañeros. Una vez adulto, a lo mejor tampoco es capaz de hacer una presentación a los responsables de conceder ascensos. Ser tímido, aunque pueda parecer un problema menor, puede condicionar toda una vida.

¿Ser tímido es lo mismo que ser introvertido?

Mucha gente confunde timidez con introversión, pero no son lo mismo. Los introvertidos son personas que suelen preferir actividades en solitario a en compañía, pero que no temen los encuentros sociales.

Los tímidos, por su parte, desean mayor contacto social pero a la vez tienen un temor irracional a ser rechazados o juzgados por los demás, lo que les provoca ansiedad y frustración.

Entonces, ¿qué es la timidez?

La timidez es el sentimiento de inseguridad, miedo o ansiedad que algunas personas sufren en determinadas situaciones sociales por miedo a ser rechazadas, humilladas o juzgadas de forma negativa. Esa sensación dificulta relacionarse de forma natural con los demás, lo que provoca que la persona tímida evite las circunstancias que le causan ansiedad.

Cuando la timidez se convierte en un problema tan grave que limita seriamente la calidad de vida hablamos de fobia social, un trastorno que suele ir acompañado de varios síntomas físicos y requiere tratamiento psicológico.

¿Existen tipos de timidez?

La timidez no está únicamente relacionada con la autoestima. Hay gente capaz de dar conferencias delante de centenares de personas pero que sufren como corderos en una conversación cara a cara con un desconocido.

Este tipo de timidez situacional es muy habitual. Son miedos que tan sólo aparecen en determinadas situaciones, sobre todo aquellas que involucran figuras que vemos superiores a nosotros, como profesores o personas muy atractivas.

Conocer cuáles son tus desencadenantes es el primer paso para vencerla, porque sólo así podrás identificar antes los pensamientos que preceden las emociones de vergüenza y nervios y evitar que se conviertan en conductas negativas.

¿Qué puedo hacer para ir venciendo mi timidez?

Una vez ya tienes claro algunos de los conceptos más controvertidos de la timidez, si quieres superarla te recomiendo que sigas la estrategia que se ha demostrado más eficaz: la desensibilización progresiva. Para ello puedes usar el siguiente método.

1. Haz una lista de las situaciones que te provocan ansiedad

Al principio de este artículo has visto que no todas las situaciones nos afectan en la misma medida. Haz tu propia lista de situaciones que te generan ansiedad y ordénala de menor a mayor. Sé lo más concreto que puedas. “Hablar en público” es demasiado general, ¿frente qué tipo de público te pones muy nervioso? ¿Delante de desconocidos? ¿Cuándo te evalúan? Cuanto más concreto seas, mejor sabrás cómo afrontarlas después.

Cuando tengas una lista de 5 a 10 situaciones, pasa al siguiente punto.

2. Divídelas en etapas y enfréntate a ellas poco a poco

La desensibilización progresiva consiste en enfrentarte a tus miedos de forma gradual, de manera que te acostumbres al tipo de situaciones que antes te provocaban ansiedad. Al fin y al cabo, se trata de sustituir un hábito negativo (la timidez) por otro positivo.

Si por ejemplo la primera situación de tu lista es “hablar con un desconocido cuando voy en metro hacia el trabajo”, el proceso podría ser el siguiente:

  • Cuando te sientes en el metro, simplemente di “Hola” o “Buenas tardes”. No importa si te devuelven el saludo o no. Hazlo durante una semana hasta que te sientas cómodo.

  • Saluda y haz un comentario trivial. Cuando ya no tengas problemas en saludar, continúa con comentario que no requiera una respuesta por parte de tu interlocutor, como por ejemplo “Buenas tardes. ¡Cuánta gente hay hoy en el metro!” Mírale cuando lo digas para que sepa que te diriges a él, y hazlo por lo menos dos veces al día durante un par de semanas hasta que notes que la ansiedad va bajando.

  • Saluda, haz un comentario y continúa con una pregunta. Ahora añade una pregunta relacionada con tu comentario. “Buenas tardes. ¡Cuánta gente hay hoy en el metro! ¿Sabes si se celebra una fiesta o algo?” Practícalo durante otras dos semanas sin importar la respuesta que te den.

  • Saluda, haz un comentario, sigue con una pregunta y finalmente interésate por tu interlocutor. Utiliza la respuesta de la otra persona a tu pregunta para interesarte por su situación. Si por ejemplo te responde que no sabe si hay alguna fiesta, pregúntale si es que vive lejos de ahí.

Una vez seas capaz de hacer esto, considera vencida tu timidez en esta situación.

No te enfrentes a tu timidez en condiciones que odias. Si por ejemplo nunca te ha gustado el ambiente nocturno, no intentes superar la timidez en bares de copas porque estarás añadiendo una dificultad que no tiene nada que ver con tu problema. Limítate a tu lista.

3. Cómo superar el miedo cuando te paralice

Pese a todas estas estrategias, en el momento de la verdad siempre puede volver a aparecer el miedo.

Cuando te quedes paralizado, estés en la etapa que estés, recordar experiencias anteriores que te salieron bien puede ayudarte a superarlo.

En el momento en que te invadan los miedos antes de presentarte a alguien, por ejemplo, recuérdate a ti mismo la última vez que te pusiste nervioso haciendo lo mismo. Recuerda que experimentaste el mismo miedo, pero que fuiste valiente, te atreviste a dar el paso, y el resultado fue positivo. Tu cuerpo responderá en consecuencia.

En cualquier caso, ten claro que unas veces se gana y otras se aprende, y que romper un hábito tan arraigado no ocurre mágicamente de la noche a la mañana. Requiere tiempo, esfuerzo y el deseo de conseguirlo.

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