La adolescencia es la etapa de la vida en la que aparece nuestra capacidad para sentir amor romántico. Los adolescentes, o al menos la inmensa mayoría de ellos, comienzan a experimentar este sentimiento cuando llegan a esa edad. Casi todos recordamos nuestro primer amor adolescente. Y casi siempre lo recordamos porque sentir por primera vez esa emoción deja en los seres humanos una huella imborrable.

Pero además, la adolescencia es una etapa difícil. No solo para los hijos que la viven en carne propia, sino también para los padres. En tal sentido, un escenario que puede resultar crítico para muchos padres es cuando los chicos se enamoran.

Una pregunta que como padres se nos viene a la mente son: ¿Cómo debemos tomar los padres el enamoramiento de nuestro hijo adolescente?

¿Qué características tiene el enamoramiento en la adolescencia?

  • El enamoramiento en los adolescentes es vivido con pasión. Su duración es muy variable, puede durar un día, un año o toda una vida.

  • La intensidad es necesaria para poder obtener los elementos esenciales en su desarrollo personal.

  • La visión de una relación amorosa por parte de las chicas es diferente del de los chicos.

  • Las chicas llegan a una relación física porque se enamoran, mientras que los chicos se enamoran a través de la relación física.

  • Esta disimetría representa el equilibrio de las relaciones entre hombres y mujeres.

¿Qué recomendaciones proponemos para conversar de relaciones con sus hijos?

  • Cuando se va a hablar de sexualidad con el adolescente, es importante respetar su pudor.

  • Aunque el adolescente usa un lenguaje «crudo», aún es muy pudoroso.

  • Por lo tanto los padres que son muy directos corren el riesgo de crear inhibición en sus hijos.

  • Se debe evitar molestar al hijo sobre sus enamoramientos y sus cambios de la pubertad.

  • Así mismo si los padres abordan el tema de la sexualidad con imágenes podrían causar incomodidad en el adolescente.

  • El papel de los padres es facilitar el acceso a la información y a los métodos anticonceptivos.

  • El tema no debe concernir únicamente con las chicas, los chicos también deben aprender las consecuencias de las infecciones de transmisión sexual por relaciones sexuales sin protección.

  • Esta es la mejor manera de concientizar a los adolescentes.

El rol de la familia

Para enfrentarse a todos esos cambios y la turbulencia de sentimientos, el adolescente necesita el apoyo de la familia y de su entorno. Para muchos padres, hablar con sus hijos de estos temas no es fácil. Temen que entablar una conversación sobre las relaciones amorosas signifique una invitación a la promiscuidad o sirva para transmitir malas ideas al hijo, cuando en realidad lo que sucede es exactamente lo contrario.

Desde la más temprana infancia no solo se debe responder a todas las preguntas del niño, sino además introducir nosotros el tema, abordándolo en sus distintos aspectos. Lo que no conviene es tener una única conversación en la que se cuente todo y en la que se le advierta de los peligros. Hay que aprovechar situaciones cotidianas para comentar, al hilo de algo concreto, noticias, sucesos familiares…Escuchar sus opiniones y estimular tanto su razonamiento como su capacidad crítica.

Cuando son mayores, a ellos les costará hablar de sus sentimientos y deseos, de los que a menudo se avergüenzan. Además, en ocasiones no conciben que sus padres puedan ser interlocutores válidos en estos temas. El egocentrismo propio de la edad les hará creer que han sido ellos los primeros en descubrir el amor, a la vez que verán a sus progenitores, no como a un hombre y una mujer, sino tan solo como a sus padres.

¿De qué debería conversar con mi hijo/a?

La conversación con los hijos es un elemento básico, y los temas a abordar son diversos:

Cambios en su cuerpo y en el de los demás.

Es un tema fácil de abordar. Aunque en los centros escolares suelen tratarlo, no debemos dejar en manos de los docentes toda la información. Es nuestro deber y derecho, como padres, comentar estos cambios de su persona.

Emociones nuevas que van a experimentar.

No hay que temer hablar de ellas directamente. Los adolescentes se sienten confusos cuando se enamoran debido, entre otras cosas, a la educación tan vacía de sentimientos que existe hoy día. Se preguntan: ¿es esto realmente amor? ¿Será solo atracción sexual? ¿Se parece a lo que veo en casa, a la relación de mis padres? Son muchos los padres que no tienen una relación afectuosa o que la ocultan delante de sus hijos como algo vergonzoso. Los hogares en los que no se siente el afecto, en los que el cariño no se manifiesta de forma física, en forma de besos, abrazos, caricias, son fríos y pésimos modelos para una educación en la afectividad. Las relaciones entre las personas deben tener emoción y ternura, y su expresión física no debe estar desvinculada de estas emociones.

Aprender a escucharlos.

Hay que permitirles expresarse y, lo más difícil, evitar caer en el sermón y el consejo antes de que terminen de hablar. No debemos condenar de antemano. Es mejor hacer preguntas indirectas sobre lo que sienten y les preocupa, para poder ayudarlos a razonar y a tomar decisiones.

Su información es insuficiente.

Aunque las relaciones amorosas suelen ser el tema sobre el que versan todas sus conversaciones y sobre el que todos creen saberlo todo, la información que manejan es insuficiente y plagada de errores, a pesar de lo cual será frecuente que corten a sus padres cuando éstos traten de hablar al respecto.

Enseñarles a controlar sus impulsos.

Hay que mostrarles la necesidad de decir no cuando piensan que no y enseñarles a no dejarse arrastrar por las presiones de los demás. Deben saber valorar cuáles son las consecuencias de sus acciones.

Hay que estar cerca cuando el periodo de exaltación llega a su fin.

A veces acaba en buenos términos, pero en la mayoría de los casos no hay acuerdo en el momento de poner el punto final y aparece el sufrimiento que en algunos adolescentes llega a ser muy alto. Su escasa experiencia en la forma de resolver problemas afectivos puede llevarles a tomar decisiones y medidas desproporcionadas (depresiones, bajones en la autoestima…).

Recomendación final

Para concluir, hay que inculcar a nuestros hijos que nadie debe obligar nunca a otra persona a hacer nada que no quiera hacer. Que conocerse y experimentar el amor debe ir ligado a unos sentimientos más profundos que los del mero desahogo. Hay que tener siempre presente que las primeras experiencias amorosas son fundamentales, porque se reflejan en nuestra posterior trayectoria personal.

A continuación, te presentamos un video de nuestra psicoterapeuta Verónica Cagigao donde nos explica más acerca de este importante tema.

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