En primer lugar, es importante que podamos respondernos la siguiente pregunta: ¿Por qué no nos gusta nuestro trabajo?

Y en la respuesta podemos encontrar diversas razones:

  • Evidenciamos un mal trato por parte de nuestro jefe o compañeros de trabajo.
  • Sentimos que no reconocen nuestro esfuerzo/trabajo.
  • Percibimos que nos encontramos agotados con tantas actividades que realizar.
  • Consideramos que la retribución monetaria no compensa nuestra labor, etc.

Es necesario aprender a reconocer la diferencia entre cómo ocurren los hechos en sí mismos y cómo nosotros los interpretamos, más aún cuando el estrés y las emociones negativas empiezan a influir en nuestra forma de ver las circunstancias. Muchas veces al identificar esta diferencia es donde hallamos la respuesta a la siguiente pregunta:

¿Por qué permanecemos en ese trabajo?

La indefensión aprendida es creer que no tenemos control sobre las consecuencias de nuestros actos y hagamos lo que hagamos no obtendremos buenos resultados y así un día tan solo dejamos de esforzarnos. Si consideramos que nuestros esfuerzos no logran satisfacer las expectativas de nuestro jefe, o que aunque pasemos todo el día en nuestro trabajo no lograremos terminar nuestros pendientes, es muy probable que no queramos comprometernos más en nuestro trabajo.

Sin embargo, a pesar de creer que ya nada puede hacerse al respecto, se nos hace difícil tomar la decisión, debido a que:

  • Sabemos que aunque las condiciones de trabajo sean adecuadas, existen factores personales que nos llevan a sentirnos incómodos en cualquier trabajo o situación en las que seamos evaluados negativamente.
  • No creemos en nuestras propias capacidades para encontrar otro empleo.
  • Nunca llegamos a estar seguros de que el oficio o carrera que escogimos son los más adecuados.
  • No nos hemos dado la oportunidad de conversar con nuestro jefe o compañeros sobre las condiciones de trabajo.
  • Por lo general, escondemos nuestra incomodidad ante los demás dejando que lleguemos a un punto en donde no aguantamos más estar ahí.

¿Qué se puede hacer?

  • Utilizar esta situación incómoda o de crisis a nuestro favor y movilizarnos hacia el cambio.
  • Tomarnos un tiempo para pensar en nuestras emociones, examinando lo que nos gusta, no nos gusta hacer y lo que podríamos hacer para sentirnos mejor.
  • Considerar que no es saludable avocar todo nuestro tiempo al trabajo, sino que también necesitamos un espacio de relajo experimentando una dosis de sensaciones positivas, las cuales nos ayudarán a tomar mejores decisiones.
  • Reducir nuestras exigencias con respecto a nuestras propias capacidades.
  • Tomar en cuenta la posibilidad de hablar con nuestro jefe o compañeros sobre qué aspectos se pueden mejorar para convivir en un ambiente laboral saludable.
  • Si sentimos que tomar decisiones en distintos aspectos de nuestra vida se nos dificulta significativamente, puede ser adecuado buscar ayuda para explorar otros aspectos actuales a los que no les hemos prestado suficiente atención y que interfieren en nuestras actividades diarias.
 

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