Antecedentes
En 1973 «Janne» Olsson entró con explosivos a un banco y tomó como rehenes a 5 personas, entre ellas una empleada de la oficina llamada Kristin. Posteriormente aparece otro personaje, Olofsson, delincuente liberado a pedido de Olsson, se convirtió en su cómplice y pronto tomó el mando; después de 6 días de amenazas hacia los rehenes para su propio beneficio, la policía pudo liberar a los retenidos y llevar a prisión a ambos delincuentes; sin embargo, las reacciones fueron muy distintas a las esperadas, los secuestrados no quisieron testificar en contra de sus captores, por el contrario manifestaban comprender su accionar. Más adelante Kristin declararía en una entrevista acerca de Olofsson: «Me acogió bajo su manto protector y me decía «A ti nada te va a pasar»; es difícil explicar a gente que no ha estado en esa situación cuán significativo fue eso para mí. Sentía que le importaba a alguien.”
¿Qué es el síndrome de Estocolmo?
El psiquiatra Nils Bejerot, asesor de la policía durante el asalto anteriormente mencionado, acuñó el término de Síndrome de Estocolmo para referirse a la reacción de los rehenes ante su cautiverio. Desde entonces se denomina así a un conjunto de comportamientos que evidencian la formación de un vínculo afectivo entre las víctimas de un secuestro y sus captores; además pueden asumir, compartir y aceptar las ideas, creencias o motivos que dicen tener sus secuestradores para llevar a cabo la privación de libertad.
¿Se da en todas las situaciones de privación de libertad?
Actualmente el síndrome de Estocolmo no es diagnosticado, probablemente por la poca incidencia de casos, debido a que las situaciones en las que se presentan no son muy frecuentes o por lo pocos estudios realizados con respecto a este problema; sin embargo existen teorías que resaltan algunos factores que hacen que ciertas personas tengan mayor predisposición a presentar este síndrome, como por ejemplo, haber tenido antecedentes de violencia familiar o haber estado involucrado en relaciones de pareja sumamente conflictivas, ya que la fragilidad emocional y el no involucrarse en relaciones saludables pueden hacerlos propensos a caer en conductas mal adaptativas.
Hay que tener en cuenta que el estar privado de la libertad por cierto tiempo puede hacernos reaccionar de formas muy distintas, con el fin de buscar una salida o adaptarse lo mejor posible al medio amenazante, por lo que podemos intentar luchar ante la situación adversa o buscar protección. Se presume que este síndrome surge para actuar a modo de factor protector; al sentir que no se puede tener el control de la situación y ante el temor de que los hechos se tornen más agresivos se intenta cumplir los deseos del raptor; sin embargo, la manipulación y la firmeza con la que los raptores justifican sus actos puede llegar a convencer al rehén que es una causa justa y bien argumentada, llegando a ponerse de su lado y cumplir el rol de acompañante en agradecimiento a la “protección” que percibió por parte de su propio atacante.
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